Fin de corridas de toros en Cataluña: crónica de una muerte anunciada

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Hoy es un día feliz para los defensores de los derechos de los animales. En la sesión parlamentaria más polémica de este año legislativo, el Parlamento de Cataluña aprobó con 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones el proyecto de ley que modifica el artículo 6 de la Ley de Protección Animal (decreto 2/2008 del 15 de abril), agregando una letra (f) al apartado 1 del artículo 6, que incluiría bajo su protección a los toros, bajo este texto:

“Las corridas de toros y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las “suertes” de la pica, las banderillas y el estoque, así como los espectáculos taurinos de cualquier modalidad que se celebren en las plazas de toros o fuera de ellas, a excepción de las fiestas con toros a que se refiere la letra b) del segundo apartado del artículo 6″.

El inciso deja fuera a los correbous, fiestas populares catalanas donde se utilizan toros en modalidades como “toros de fuego”, “toros ensogados”, etc. Y que también representan sufrimiento para los animales. Sin embargo, esta noticia es un avance significativo en pro de la abolición de la tauromaquia en el resto de regiones y países donde se practica.

Es impresionante ver en las redes sociales la reacción que ha causado esta noticia: gente de todas las edades lo comenta, los activistas hemos derramado lágrimas de emoción, políticos celebran la decisión de sus homólogos, el ambiente es de esperanza y satisfacción.

Recuerdo cuando llegué a estudiar a Barcelona hace ya diez años. Había grupos locales que llevaban mucho luchando contra las corridas de toros, sabíamos que Cataluña sería pionera en este tema y trabajamos fuerte para que así fuera. Primero se declaró Barcelona ciudad antitaurina, pero se siguieron llevando a cabo las corridas. Ningún grupo dejó de luchar, al contrario, estrechamos filas y diseñamos estrategias para ser más eficientes. Viví seis años en esa bella ciudad y siempre supe que tarde o temprano vería el final de la tauromaquia, al menos ahí.

Hoy, cuando ya no vivo en Cataluña, y me llegan las noticias por los medios, a través de mis compañeros activistas, no puedo más que sentir un profundo agradecimiento por todas y cada una de las personas que han hecho posible este triunfo. Profesores, quienes desde sus aulas abrieron espacios para discutir este tema, comunicadores, celebridades, políticos, ciudadanos de a pie, extranjeros, nacionales, internacionales, pero sobre todo, mi más cálido homenaje a quienes nunca perdieron la esperanza y dedicaron horas, días, meses, años, para ver algo así hecho realidad.

Este es un logro para los animales, porque aunque sea un paso pequeño, se sientan las bases para reconocerles los derechos que por nuestra mano les fueron arrebatados sin buenas razones morales.

Pero también y más fundamentalmente, es un triunfo de la razón y la sensibilidad, porque en los tiempos que vivimos resulta arcaico y obsoleto divertirse a costa del sufrimiento ajeno, y ese es el mensaje que debemos compartir no sólo con aquellos quienes trabajamos por la defensa de los animales, sino con cualquiera que crea en la construcción de un mundo con menos crueldad, con menos injusticias, más compasivo y respetuoso, donde la especie a que se pertenezca, sea lo de menos.

Dedico este texto a todos los activistas pro derechos de los animales, por su perseverancia, profesionalismo y entrega.

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