Tom Regan no verá más jaulas

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El 17 de febrero de 2017 murió Tom Regan, filósofo norteamericano autor de dos textos clave en la historia del movimiento de los derechos de los animales: The Case for Animal Rights y Empty Cages.

Era, junto con Peter Singer, uno de los pensadores emblemáticos de este movimiento, si bien ambos abordaron rutas distintas para argumentar su postura.

Singer, por ejemplo, aplica la teoría general del utilitarismo de las preferencias a un problema concreto, que sería la discriminación que hacemos a los animales no humanos. Regan, en cambio desarrolla una teoría filosófica propia que señala las obligaciones morales que tenemos hacia ellos, e intenta ver si logramos justificar dicha discriminación, asumiendo las consecuencias que resultan en la práctica.

Leí a Tom Regan cuando redactaba el capítulo de mi tesis doctoral que aborda la consideración moral a los animales no humanos desde los llamados enfoques biocéntricos, los cuales pretenden ser más incluyentes que el tradicional antropocentrismo moral.

Regan comenzó a interesarse por este tema a partir de un estudio de la no violencia de Mahatma Gandhi, y considera que “sujetos de una vida” son aquellos individuios que poseen creencias y deseos, percepción, memoria, una vida emocional que comprende sentimientos de placer y dolor, capacidad de iniciar acciones para alcanzar sus deseos y objetivos, una identidad psicológica a lo largo del tiempo (su experiencia es psicológicamente continua y está asociada con el mismo cuerpo), preferencias e intereses de bienestar individual, en el sentido de que sus experiencias vitales se midan en términos de bien y mal para ellos, independientemente de su utilidad para otros y de ser objeto de interés para alguien más. Regan señala que esta definición se aplica más claramente a mamíferos adultos normales, lo cual no quiere decir -según Regan- que niegue que aves y peces merezcan consideración moral, sólo reconoce que “prefiere limitar sus conclusiones para el menos controversial de los casos”.

En The Case for Animal Rights, afirma que los individuos son los poseedores paradigmáticos de los derechos, en tanto son conscientes, toman decisiones, son centros de vida, sienten y se preocupan por su bienestar. El valor inherente de estos individuos es, en conformidad con el punto de partida del derecho moral, la base para reconocer sus derechos morales, es decir, a ser tratados con respeto como individuos con valor por sí mismo.

Conocí a Tom Regan en Animal Rights Conference en 2004 y me pareció una persona encantadora, habló sobre su fundación The Animals and Culture Foundation, que explora la relación que tienen las bellas artes, la historia y la filosofía, con los animales. Lo volví a ver en Barcelona en 2006 cuando presentó Emtpy Cages. Me lo dedicó: “Para Leonora, por los animales. Juntos en la lucha”, y desde entonces cito al final de mis presentaciones, una frase suya: “Defender a los animales no es un acto de compasión, sino de justicia”. Recién comenzaba mi trayectoria como activista y conversar con filósofos de su altura me alentó a llevar esta causa a niveles de reflexión seria y argumentada.

Regan ya no está con nosotros, pero su espíritu nos inspira a seguir defendiendo a los animales con el corazón y la razón, porque el trabajo por sus derechos reafirma que esta es la batalla moral más apremiante del siglo. Y la vamos a ganar, Tom.

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