Las víctimas del huracán y de nuestra gula

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Los aproximadamente dos millones de humanos residentes de la zona por donde pasó el huracán Florence, tuvieron la posibilidad de evacuar, en cambio, a los millones de animales apresados en las granjas factoría no se les dio la mínima oportunidad de sobrevivir.

El Departamento de Agricultura de Carolina del Norte y Servicios al Consumidor declaró que al menos 3.4 millones de pollos y pavos y 5, 500 cerdos murieron a consecuencia de Florence.  Lo que represente el doble de víctimas que causó el huracán Matthew en 2016. Las cifras pueden aumentar porque muchas granjas permanecen aisladas por las inundaciones, por lo que más animales pueden estar muertos o agonizando.

Este Estado es el segundo productor de cerdos, con más de 2 100 fábricas que crían 9 millones de animales cada año, según el North Carolina Pork Council 

Sanderson Farms —una de las granjas industriales más grandes de la región con aproximadamente 880 facilidades- reportó que al menos 1.7 millones de pollos murieron atrapados en las instalaciones durante la tormenta y que 6 millones en otras de sus 30 fábricas no fueron rescatados por las inundaciones, lo que hace que “la pérdida del inventario viviente pueda aumentar”, provocando que la región quede cubierta de cadáveres y excremento en cuanto bajen las aguas. En la zona de Lumberton hay más o menos 211 mil pollos en cada una de las 30 granjas y están aisladas por las inundaciones.

La Humane Society of the United States  en su comunicado de prensa al respecto, dijo: “Es responsabilidad de las granjas industriales tener un plan de manejo para emergencias, sin importar el número de animales que se tenga en dichas facilidades. Si evacuarlos a todos es imposible, al menos considerar una cifra dentro de ese plan. El costo de no hacerlo tiene un impacto devastador en el medio ambiente y los animales y muestra nuevamente que la producción masiva de las granjas factoría no es viable”.

Estas fábricas de animales cuentan con enormes estanques para contener los miles de millones de litros de materia fecal que lanzan al ambiente cada año, orina y cuerpos putrefactos de los animales, que con los fuertes vientos y la creciente del agua, se convertirán en un daño ambiental más grande de lo que actualmente son, indicó el Environmental Working Group and Waterkeeper Alliance.

Más allá de esas cifras y fuentes de contaminación, que es como se considera a las víctimas no humanas, pensemos en el terror de estos animales al ver que su prisión se inundaba paulatinamente y no tenían escape. Los imagino manteniendo la cabeza por encima del nivel del agua, gritando y aterrorizados. ¿Por qué no se les ofreció a ellos una oportunidad para sobrevivir? Sencillamente porque los productores de carne consideran a los animales como objetos en sus pólizas de seguro que excluyen tiempo y esfuerzo para salvarlos, y para que la cobertura aérea no pudiera ver a los animales muertos y de esa manera no tuvieran mala prensa.

Liz Jones, bióloga marina y activista ha estado cubriendo la zona de desastre y me compartió su experiencia: “El silencio es lo único que se escucha mientras el bote de remo navega entre los cientos de cuerpos abandonados en las granjas factoría. El olor a muerte confirma que dentro de las instalaciones hay miles de pollos muertos. En tanto bajan las aguas, las facilidades que estaban rodeadas de seguridad para prevenir que los animales escaparan y que los rescatadores hicieran su labor, comienzan a abrir y podemos ver los cuerpos de las miles de víctimas olvidadas del Huracán Florence.”

Si bien las imágenes que nos conmueven son las de voluntarios rescatando perros y gatos – víctimas también del abandono de sus compañeros humanos- es necesario reconocer que el consumidor de carnes animales es el gran responsable de la muerte de esos pollos y cerdos al demandar sus productos.

Los animales son los últimos en nuestra lista de preocupaciones morales y no incluirlos en protocolos de emergencia es una prueba de ello. Verlos como cifras, ganancias e insumos los convierte en pérdidas materiales nada más, cuando lo que estamos perdiendo verdaderamente es la sensibilidad ante el sufrimiento de otras formas de vida.

Foto: @Ethically_Elizabeth 

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