Psicoterapia corporal y activismo

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Me han preguntado si percibo un sueldo por ser activista de los derechos de los animales. No. Y no lo digo con orgullo, como si un sueldo le restara méritos al trabajo que hacemos, es simplemente que tengo otra profesión remunerada que es ser psicoterapeuta corporal.
Cuando decidí dejar la presidencia de AnimaNaturalis, la organización que fundé junto con Francisco Vásquez y opté por dedicarme a dar consultas, muchos me cuestionaron por qué dejaba una cosa por la otra.

El activismo no es algo que se abandona porque uno deje de ocupar un cargo en una asociación, es un estilo de vida y mi vida sigue reflejando una forma de concebir a los animales y siempre daré mi voz para defenderlos. Sin embargo, llegó un momento en que tenía la necesidad de percibir ingresos por lo que hacía y de reconciliarme un poco con mi propia especie.
Mucho se dice que los activistas animalistas odiamos a las personas que no comparten nuestra forma de vivir. Me parece exagerado y lamento si causamos esa sensación. Es cierto que nos duele y frustra que el resto no vea lo que les intentamos transmitir de muchas formas y aquí es donde mi profesión de psicoterapeuta me ha dado muchas herramientas para ser empática también con los seres humanos.

Habiendo estudiado Filosofía tengo una gran capacidad de análisis y escucha, así como una mente ágil que gusta de las palabras y las acomoda para intentar transmitir un mensaje con claridad. Pero el cuerpo tiene su propio lenguaje y a veces nos cuesta más entenderlo, es más, escucharlo siquiera.
Nuestro cuerpo habla con tensiones, postura, tics, contracciones musculares, pero también con gestos, con tonalidades, con movimientos, con emociones y sentimientos que muchas veces no dejamos salir porque no sabemos cómo expresar y creemos que si se lo permitimos no vamos a tener el control de lo que suceda. Nos da miedo abrir ciertas puertas pues no sabemos lo que habrá del otro lado.

Evidentemente no puedo revelar las intimidades de quienes van a mi consultorio, pero puedo compartir, como ha sido mi propia experiencia de paciente, que hay un común denominador en todos nosotros: estamos heridos, profundamente heridos y hemos encubierto ese dolor fingiéndonos insensibles, auto convenciéndonos de que hay cosas que no nos duelen y que quienes ponen atención en ellas, se entregan a la sensiblería, la cual nos hace más débiles en un mundo hostil.
No es así. El miedo a rendirnos a nuestra sensibilidad es mostrarnos vulnerables, no sólo ante los demás sino principalmente ante nosotros mismos. Asumir que hay cosas que nos lastiman y que no podemos manejar solos es una enseñanza de humildad, pero buscar herramientas para salir adelante es una responsabilidad individual.

A muchos de nosotros se nos reprimió esa sensibilidad natural siendo niños, otros vimos que obteníamos aparentemente más, fingiendo ser duros, algunos al ser lastimados decidimos no volver a abrir el corazón. Y lo terrible de estas elecciones es que al creer que cerramos la puerta al dolor, sin saberlo se la cerramos también al gozo. Quien no puede ver el dolor de los animales, por ejemplo, no puede ver el suyo propio, pero tampoco conoce su máxima capacidad de gozo. Las puertas del corazón abren hacia ambos lados.

Ser psicoterapeuta me da la oportunidad de acompañar a mis pacientes a reconectar con su propia sensibilidad adormecida para que poco a poco y a su ritmo descubran que su dolor es, en algún sentido, el mismo de los animales y que la misma compasión que pueden sentir hacia otros humanos o ellos mismos puede extenderse hacia otras especies. Porque después de todo el amor, no conoce fronteras y aquello que somos capaces de sentir por nosotros mismos es lo que reflejamos y damos hacia los demás.

Quienes estén interesados en la psicoterapia corporal pueden contactarme en mi facebook https://www.facebook.com/LeonoraEsquivel/?fref=ts

arbol

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Un comentario para “Psicoterapia corporal y activismo

  1. Gracias por transmitir conocimiento sobre mis amados animales.
    Hace mucho, como bien comentas, se empezó la lucha por la defensa de ellos, cada vez que oigo una noticia de las prohibiciones que poco a poco se van logrando , me hace feliz.
    Se que queda mucho camino por andar, ahora en verano en las fiestas de la mayoría de los pueblos de España, en un sin fin de espectáculos con maltrato, y los políticos nada de nada y con ello fomentan la violencia en sus gentes.
    Lo único que podría acabar con todo esto es la educación desde niños, pero un tanto difícil, cuando son los padres los que llevan a estos a participar de ello. Otro sitio donde deberían enseñar a los niños son los colegios, pero tampoco, en fin, quiero ser optimista, y seguir luchando por los derechos de los animales.
    Una noticia de hace unos días, que se acabó el lancear al toro en Tordesillas, estaremos muy vigilantes para que se cumpla, es un notición.
    Gracias

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