Venta de animales: mafia e impunidad

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El día de Reyes se suelen comprar perros para los niños. Perros que la mayoría de las veces terminan abandonados en las calles o mueren a los pocos días de adquiridos, pues las mafias de los criadores no los entregan vacunados ni saludables. Como activistas es nuestro trabajo informar a la gente que se dispone a comprar un perro que hay albergues donde se pueden adoptar, están sanos y esterilizados. También es nuestro deber denunciar ante las autoridades la venta de animales en vía pública, pues es una infracción a la Ley de Protección Animal vigente en el Distrito Federal. Sin embargo, nuestra tarea se vuelve el doble de complicada cuando las mismas autoridades son cómplices de los mafiosos que venden animales.

Los activistas hemos sido testigos de cómo la patrulla deja escapar a las camionetas que venden perros en vía pública, con el argumento textual de que “la unidad no jala porque no tiene gasolina”. Hemos estado frente a autoridades delegacionales como el Lic. Marco Antonio Hernández quienes delante de periodistas dejan ir a los vendedores de perros diciendo que tienen un permiso, lo cual es por demás falso pues no existen ““o no deberían existir esos permisos, de acuerdo con lo estipulado en la Ley de Protección Animal.

Pero el colmo puede ser cuando al tercer intento de hacer cumplir la ley y obligar prácticamente a un oficial a detener una camioneta, el policía no sólo es grosero e inepto, sino que actúa con deferencia hacia el malhechor. Para colmo de males, el vendedor, al verse acorralado, decide levantar un falso hacia el activista, inculpándolo de haberse introducido en su camioneta para robarle de su cartera. Todo esto delante de autoridades policiales que pueden atestiguar la falsedad de ese hecho, pero no lo hacen. De esta manera, el mafioso se niega también a presentar su identificación ante las autoridades haciendo que todo tome un giro inesperado, donde el acusador se convierte en acusado.

Podemos concienciar a algunas personas de que no compren animales sino que los adopten, pero la mafia de criadores de perros no terminará hasta que las autoridades tomen cartas en el asunto con operativos serios y radicales.

La frustración en países como México no tiene límite, pero ante el terrible escenario que enfrentan los animales, los activistas que defendemos sus derechos no podemos detenernos, sino atacar todos los frentes posibles para hacer entender a la sociedad que los animales no son mercancía y que hay alguien que habla en su nombre. Aunque pocos quieran escucharlo.

Impunidad

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