Cuenta conmigo para cuidar a tu gatito


Siempre que viajaba me iba con la inquietud de cómo estarían mis gatos, pensaba si me extrañarían, estaban aburridos, o me guardarían rencor por haberlos dejado un tiempo.

Fui muy afortunada en conseguir que amigos míos se quedaran en casa durante mi ausencia, así que al menos sabía que no pasarían las noches solos y que tendrían compañía la mayor parte del tiempo.

Ahora que ya no tengo gatos -por ahora- he decidido devolver el favor como me lo hicieron a mi aquellos amigos. Me ofrezco a ir a tu casa algunas horas o quedarme a dormir para que tus felinos no te echen tanto de menos. Jamás podré reemplazarte, pero sí puedo ser un distractor, un humano diferente que los cepille, les limpie su arenero, les de agua fresca, vea que tengan su plato lleno y que juegue con ellos si así lo desean.

Haciendo esta labor me doy cuenta que tenemos prejuicios respecto a los gatos: que son indiferentes, que no expresan sentimientos, que no nos necesitan o que «pueden estar mucho tiempo solos». Y sí, son más independientes que los perros y requieren menos acción o presencia constante, pero también disfrutan la presencia, aunque sea distante, de un ser humano. Les gusta ver movimiento en casa, se sienten curiosos por lo que haces mientras ellos te observan a lo lejos, y cuando lo deciden, se acercan a ti para recibir una caricia o mostrarte la panza tumbados en el suelo.

Es cierto, hemos trastocado las relaciones con los animales no humanos en todos los sentidos, y los que viven con nosotros no son la excepción: decidimos absolutamente todo lo que tiene que ver con ellos, desde su nombre, hasta los horarios de alimentación y la dieta que llevarán, sus horas de paseo o de juego, el espacio donde los tendremos e incluso el momento de su muerte, de ser necesario. No podemos hacer otra cosa porque ellos ya no tienen un habitat ni podrían valerse por si mismos en condiciones dignas. Confían y necesitan de nosotros plenamente. Ante el grave problema de la sobrepoblación canina y felina que hemos generado los humanos, nos toca hacernos cargo de ellos y rescatarlos de la calle, antirrábicos o sitios donde no tienen una vida de calidad.


Tener un animal de compañía implica una gran responsabilidad afectiva, económica y temporal. A veces se nos olvida el privilegio que es convivir con una fierecilla. Por más que los hayamos domesticado hace miles de años, tienen un instinto y unas características que debieran asombrarnos e invitarnos a tenerles profundo respeto. Celebro que cada vez haya una mayor cultura de tenencia responsable y que los consideremos parte de nuestra familia, pero aún falta mucho por hacer al respecto y como sociedad «hemos de hacernos responsables de aquello que hemos domesticado», como dice la frase de El principito.

Agradezco la confianza de quienes me permiten entrar a sus hogares y hacerles compañía a sus queridos gatos, yo por mi parte, se que me llegará el momento de volver a encontrar un nuevo camarada, pero por ahora disfruto estos encuentros con personas y mininos porque descubro en ello el poder del amor, del cuidado, del asombro y de la esperanza de construir un mundo más justo para todos.

El servicio lo ofrezco en CDMX en zona Condesa, Coyoacán, Benito Juárez y Roma, previa entrevista. El ochenta por ciento de lo que recibo es donado a AnimaNaturalis, la organización de Derechos de los Animales que fundé hace 25 años.

leonora@leonoraesquivel.com

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