Balas para todos

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La noticia que más ha conmocionado a la sociedad esta semana fue el tiroteo perpetrado por un adolescente de 15 años en el Colegio Americano del Noreste, al sur de Monterrey, México, donde tres alumnos y la maestra resultaron gravemente heridos. El agresor intentó suicidarse y está con vida artificial el hospital. Sus padres han autorizado donar sus órganos.

Federico estaba en tratamiento psicológico y había alertado a sus compañeros sobre llevar una pistola a la escuela, pero nadie le creyó. El arma con la que disparó en el salón de clases era propiedad de su padre, quien junto con él practicaban la cacería deportiva, de ahí la puntería y destreza del chico en su manejo.

Este aspecto de la investigación no explica sólo cómo obtuvo una pistola un menor de edad, ya que en su casa había un número importante de armas. Si las autoridades se hacen responsables de los origenes de esta agresión, no pueden considerar como irrelevante el detalle de que este muchacho estaba acostumbrado a matar, era algo habitual él privar de la vida a otros animales.

El “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, abreviado DSM), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría es una obra que contiene una clasificación de los trastornos mentales y proporciona descripciones claras de las categorías con el fin de prevenir y atender dichos padecimientos.

Teniendo en mente que en el Manual de Transtornos de la APA y en el DSM-IV figura el trastorno de conducta (caracterizado entre otros síntomas por crueldad hacia animales y/o humanos), la violencia hacia los animales podría tener un valor predictivo de violencia hacia humanos (ya sea como malos tratos domésticos hacia el cónyuge, el animal de compañía, los hijos, como asesinatos en serie o como asesinatos en masa…) “Un niño que crece rodeado de agresión contra cualquier ser vivo tiene más probabilidad de violar, abusar o matar a humanos cuando sea adulto” (Understanding the link between Violence to Animals and People, Kellert & Felthous, 1985).

“La crueldad hacia los animales no es una válvula de escape inofensiva en un individuo sano…es una señal de alarma.” dice el Supervisor y Agente Especial del FBI Allen Brantley.

En Estados Unidos, la organización Psychologists for the Ethical Treatment of Animals (PSYETA) ha desarrollado un tratamiento llamado AniCare que se aplica a quienes han maltratado animales (suelen entrar en el programa remitidos por el Juzgado). Se utiliza una aproximación cognitiva y comportamental con intervenciones directas y enfatizando la necesidad de responsabilizarse de las propias acciones.

Lo díficil de aplicar esto en nuestro país es que ni siquiera se presta atención al tema del maltrato hacia animales, y la cacería es las más de las veces visto como un hobby o práctica deportiva casi siempre incucada por un miembro de la familia a un menor.

Si permitimos que los niños y jóvenes crezcan en un entorno indiferente al sufrimiento de los animales, donde ellos son objetos de entretenimiento, no nos sorprenda que la violencia escale hacia seres humanos que tampoco estén en condiciones de defenderse, como en este caso, los alumnos y la maestra del colegio.

Espero que esta noticia no desate sólo una ola de morbo y alarma, sino que considere seriamente abordar el tema de la asistencia de menores de edad a espectáculos donde se torture animales, como corridas de toros, palenques, charreadas, y su participación en actividades que involucren armas y muerte de otros seres sintientes.

Para frenar la cadena de la violencia no es en la especie de la víctima donde hemos de centrar toda la atención y hacer como solemos, discriminaciones, ésta debe ser atendida desde la raíz, no cuando las balas cobraron vidas que consideramos sin demasiada justificación ética, más valiosas.

“Niño y su víctima”

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