Otra vida de vivir

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El documental “Llévate mis amores”, de Arturo González Villaseñor es un acercamiento a un grupo de mujeres de Veracruz quienes diariamente cocinan y lanzan comida a los migrantes que viajan ilegalmente en el tren -popularmente conocido como “La Bestia”- con el objetivo de cruzar hacia Estados Unidos.

A través de las historias personales de las protagonistas, vamos conociendo los sueños y perspectiva de quienes podríamos considerar muy alejados de nuestra realidad. En entornos donde la supervivencia es la preocupación fundamental, hay cabida para la solidaridad y la empatía: alimentar a hombres que abandonan sus hogares con la esperanza de encontrar mejor suerte al norte de nuestra frontera.

Al ver las imágenes de las mujeres lanzando los víveres y las botellas de agua hacia los extendidos brazos de los viajeros, no pude evitar pensar en los activistas que dan de beber a los animales transportados hacia el matadero. Cerdos y reses en su mayoría, pasan, como los migrantes, horas sin comer ni beber, pues en el caso de los primeros, no resulta necesario alimentarlos puesto que van a ser asesinados. Aun así, los activistas aprovechan los momentos en que los conductores se detienen para alimentarse o descansar, y ofrecen unos sorbos a esos seres que también, viajan sin retorno, amontonados, padeciendo frío o calor extremos. Parecería un sinsentido hacerlo, pero para muchos, mientras un animal esté vivo, sentimos la necesidad de hacer lo que esté en nuestras manos para mitigar su sufrimiento, el cual después de todo, somos también nosotros quienes lo causamos.

“Llévate mis amores” me conmueve porque muestra la paradoja de la humanidad: ángeles y demonios. Podemos ser la especie más cruel y también la más solidaria y generosa, incluso con desconocidos. Actuar a favor de otros -de la especie que sean- con total desinterés, es para muchos un deber moral, incluso sin ponerlo en términos tan categóricos.

Las mujeres de la localidad veracruzana hacen esto porque es lo que está en sus manos dar en la construcción de una sociedad más amorosa. Mitigar el hambre y la sed como principios básicos de la empatía. Borrar los roles de género y las fronteras arbitrariamente colocadas. Personas ayudando a personas: sin nacionalidad, sin discriminación, sin juzgar si tienen buenas razones o no para hacer lo que hacen. Dar sin esperar recibir y sin embargo, recibiendo mucho.

Porque todo lo que damos nos lo damos a nosotros, y si somos capaces de ampliar nuestra generosidad más allá de la especie, tendremos el poder de transformar al mundo de un lugar violento y hostil a uno más armónico, donde el bienestar de otras criaturas sea mi responsabilidad y mi placer.

Los valores que destaca este documental pueden ser compartidos por todo aquel que defiende una causa donde hay víctimas con necesidades básicas: vivir en libertad y sin maltrato físico.

En un momento de “Llévate mis amores” le preguntan a una mujer por qué diariamente dona parte de su tiempo para esta actividad, y ella responde, entre otras cosas, que sueña con otra vida de vivir.

Creo que, al final, es lo que deseamos todos los activistas a favor de los animales: que tengan otra vida de vivir, la que les corresponde, y no la que hemos impuesto para ellos.

pigsllevate

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